El Libano:entre el asesinato y el suicidio / Lebanon: Between Murder and Suicide

 De vez en cuando publico escritores invitados en el blog. Hoy, Mónica Prieto, corresponsal de Oriente Medio con el diario español El Mundo, que vive en Beirut, comparte sus ideas sobre la situación actual en Líbano. 

EL LIBANO, ENTRE EL ASESINATO Y EL SUICIDIO

MONICA G. PRIETO

Líbano nunca fue un país fácil. El mero hecho de que convivan 18 confesiones religiosas junto a 400.000 refugiados palestinos en un contexto tan explosivo como el de Oriente Próximo y con Israel entre sus vecinos ya lo convierte en un foco potencial de tensión, pero si se añade la pesada herencia del conflicto civil (15 años de guerra con 20.000 desaparecidos de los cuales no hay noticias) y de la tutela siria, la complejidad se multiplica.

Un visitante ocasional no puede ni imaginar que tras la fachada de normalidad -donde el lujo, la playa y la montaña y la amabilidad de sus gentes parecen convertirlo en un destino turístico ideal- se oculten los componentes para otro conflicto civil. Pero la tentación de los primeros días siempre es esa: considerar el país de los Cedros como una oferta tentadora, un ejemplo de convivencia que alguien pretende reventar mediante coches bomba contra objetivos políticos y, recientemente, militares.

Es un engaño, una ficción que esconde a una sociedad totalmente polarizada y consciente, aunque les pese, de que sólo una cantonalización pacífica del país podría evitar otra devastadora guerra.

Los chiíes del sur forman un bando compacto, aliados con Siria, Irán y el cristiano Michel Aoun -una alianza tan imprevisible como aparentemente sólida- y mejor armados que el propio Ejército libanés. Hizbulá promete emplear sus armas exclusivamente contra Israel, pero muchos temen que, si hay otro conflicto, éstas se vuelvan contra sus enemigos políticos del 14 de marzo.

En el otro lado la coalición en el poder está formada por señores de la guerra -nadie los tacha de criminales porque visten con trajes de marca- que parecen no temer otro enfrentamiento, a juzgar por los irresponsables llamamientos al conflicto del líder druso Walid Jumblatt. Rechaza dar a la oposición la mayoría de bloqueo en un Gobierno de coalición necesaria para permitir la elección de un presidente y acabar así con el vacío político que ya se demora cuatro meses, y acusa a Hizbulá (en realidad, a Siria) de todos los atentados políticos en el país. Estas dos posiciones completamente opuestas -desde la estética hasta el discurso son opuestos- constituyen dos de las muchas caras del Líbano, aunque dentro de cada campo también haya disensiones. Pero nada impide que su población, hospitalaria y trabajadora, siga ciegamente a esos líderes que les llevan, directa o indirectamente, a la guerra con la convicción de los iluminados.

Si mayoría y oposición insisten en no ceder un ápice amparándose en la solidez de sus posiciones, la división de los dos Líbanos aumentará hasta que sólo una confrontación pueda decidir quién controla el territorio. Si un milagro evita el suicidio, puede que se cometa un asesinato: muchos temen otra invasión israelí como la del 2006, para la que la población del sur ya se prepara, y nadie ignora que el Líbano pagaría las consecuencias de un enfrentamiento entre Irán y EEUU. 

En realidad, el Líbano siempre fue un tablero de juego internacional en el que se dirimen las diferencias entre aliados y enemigos de EEUU. Y todas las partes arman a los suyos para no resultar perdedores del conflicto interno (puede que como representación de otro externo) que se avecina. Las dos partes que se disputan el poder se están atrayendo facciones palestinas en los campos de refugiados para nutrir sus filas, y no hay que olvidar que el conflicto de los 70 y 80 comenzó con una masacre de palestinos. Gane quien gane, siempre perderán los mismos: los libaneses.

From time to time I will be inviting guests to write for this blog. Today, Mónica Prieto, Middle East Correspondent based in Beirut for the Spanish daily newspaper El Mundo, shares her impressions about the current situation in Lebanon.

LEBANON, BETWEEN MURDER AND SUICIDE

MONICA G. PRIETO

Lebanon was never an easy country. The mere fact that 18 religious denominations cohabit, together with 400,000 Palestinian refugees, in surroundings as explosive as the Near East, with Israel as one of its neighbours, already makes it a potential trouble spot, but if you add to the mixture the weighty inheritance of the civil conflict (a 15-year war with 20,000 people missing of whom nothing is known) and the malign influence of Syria, the complications multiply.

A casual visitor cannot even imagine that behind the façade of normality, where luxury lifestyles, the beach, the mountains and the friendliness of the people appear to make it an ideal tourism location, lurk the elements for another civil war. But that is always the temptation during the first few days: to see the country of Cedars as an example of harmonious co-existence that is being undermined with car bombs directed against political and, more recently, military targets.

It’s a mirage, a fiction that conceals a society that is totally polarised and that is aware, much as they may dislike the idea, that only a peaceful territorial division along canton lines of the country might avert another devastating war.

The Shias in the south make up a solid grouping, allied with Syria, Iran and the Christian Michel Aoun – an alliance as unlikely as it is, apparently, firm – and better armed than the Lebanese army itself. Hezbollah promised to use its weaponry only against Israel, but many fear that, in the event of another conflict, these arms will be turned against their political enemies of 14th March. 

On the other side the coalition in power is formed by warlords – no-one calls them criminals because they wear designer suits – who seem not to fear another confrontation, to judge by the Druse leader Walid Jumblatt’s irresponsible calls to conflict. He refuses to give the opposition the blocking majority in a coalition government that is necessary in order to enable a President to be elected, and thus put an end to the political vacuum that has gone on now for four months, and he accuses Hezbollah (really Syria) of all the political attacks in the country. These two utterly opposed positions – everything from their dress sense to their political discourse is different – constitute two of Lebanon’s many faces, although within each group there are also dissenters. But nothing stops the population, hospitable and hard-working, from blindly following these leaders who are taking them, directly or indirectly, to war with the conviction of visionaries.

If both majority and opposition insist in not giving an inch, citing the soundness of their positions as justification, the division of the two Lebanons will increase until only a confrontation can decide who controls the territory. If by a miracle suicide is avoided, there may be a murder: many fear another Israeli invasion like that in 2006, for which the southern population is already preparing, and no-one is unaware that Lebanon would pay the consequences of a clash between Iran and the US.

In fact, Lebanon was always an international chess board in which allies and enemies of the US resolve their differences. And each side arms its people so that they don’t come out as losers in the internal conflict (perhaps as a role play for an external one) that is approaching. The two sides disputing power are attracting Palestinian factions from the refugee camps to build up their ranks, and we should not forget that the conflict in the seventies and eighties started with a massacre of Palestinians. Whoever wins, the same people always lose: the Lebanese.

1 comentario

Archivado bajo EEUU, Hezbollah, Iran, Líbano, Michel Aoun, Oriente Medio, Siria, Walid Jumblatt

Una respuesta a “El Libano:entre el asesinato y el suicidio / Lebanon: Between Murder and Suicide

  1. Luz

    Líbano no alcanzará la estabilidad mientras el conflicto palestino-israelí siga bloqueando, en gran medida, la paz y el desarrollo de la región.

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