Carta desde Beirut / Letter from Beirut

Acabo de aterrizar en Beirut, ¡la novia del Mediterráneo! Para acudir a una serie de reuniones y realizar una investigación durante los próximos días.

Tengo muchos recuerdos en esta ciudad y quiero compartir algunos con vosotros. Al igual que Alejandría y Sarajevo, Beirut ha sido ser siempre una ciudad donde han convivido y chocado diversas culturas y tradiciones.

Recuerdo que cuando era niño solía venir con mi ya fallecido padre, Emile, quien vivía la mayor parte del tiempo en Ghana (Oeste de África). Siempre estaba ansioso por coger un “servicio”, uno de esos taxis populares que por unas pocas piastras te llevaban a Sahat al Shouhada (Plaza de los Martires).

Juntos solíamos visitar a sus amigos en diversos souks (mercados), con quienes íbamos al Mercado de las Joyas (Souk al Siyyaghin) o al Souk al Tawile donde se concentraban los negocios de textiles.

En el Souk al Ifranj (el Mercado Francés) solíamos parar y disfrutar bebiendo a sorbitos un jellab de los mercaderes ambulantes y así aliviarnos un poco del calor sofocante. Después de esa experiencia deliciosa solíamos acudir a Ajami, un restaurante popular en la parte baja Beirut, que era famoso antes de la guerra. Una de las especialidades, a parte de los entrantes, mezzes, eran los foul mdammas (judías cocinadas) que la gente aquí toma para desayunar y almorzar.

Mi padre Emile se preocupaba siempre por inculcarme el amor por la tierra, con sus virtudes y defectos. Tuve una relación conflictiva con él, Dios le tenga en su Gloria. Nunca nos pusimos de acuerdo en lo relacionado con la política libanesa. Mi padre era miembro de un movimiento nacionalista pan-árabe que reclamaba la creación de una Gran Siria. Este movimiento, el Partido Nacional Socialista Sirio (conocido por su acrónimo francés – Parti Populaire Syrian – PPS) está hoy dividido y tiene escaso impacto en la política libanesa. Pero a principios de los años 60, miembros del PPS intentaron perpetrar un golpe contra el gobierno libanés. Algunos de sus miembros fueron encarcelados, incluido mi padre, aunque resulto ser por pocos días.

Durante mi adolescencia descubrí la labor y acciones de un importante político libanés que estaba muy bien considerado en Líbano, la región y a nivel mundial. Se llamaba Kamal Jumblatt, descendiente de una prestigiosa familia Druze. La religión Druze es una rama del Islam y sus creencias son una mezcla de las filosofías griega e hindú.

Jumblatt, quien fue sucedido por su hijo Walid (¡así somos en Líbano!) creía en la causa palestina y dirigió el Movimiento Nacional Libanés durante la guerra civil. Me acuerdo de visitar a Kamal Jumblatt en su casa de Beirut. Hasta su asesinato en 1977, Jumblatt era una personalidad impactante y carismática que creyó en los beneficios del yoga y la alimentación vegetariana. En esa visita, Jumblatt me ofreció una copia de su libro Adab al Hayat (El Arte de Vivir). En él, Jumblatt detallaba su visión de la vida a través de la nutrición y las relaciones interpersonales. Jumblatt fue el fundador del Partido Socialista Libanés.

Mi padre no era muy partidario de las ideas y perspectivas políticas  de Jumblatt. Supongo que es lo que ocurre cuando un hombre joven como yo empieza a explorar diferentes ideas y opciones. ¡Mi padre no estaba muy feliz por esto!

La guerra civil en Líbano (1975-1989) cambió todo. Hoy Beirut ha sido reconstruido, pero ha perdido su esencia como un lugar multicultural de encuentro. Hoy se alza como el símbolo de un país sumido en la crucial  búsqueda de su identidad.

He vivido en diferentes ciudades, incluidas: Milán, Roma, Palermo, Los Ángeles, Nueva York , Indianápolis, Anápolis, Victoria (La Columbia Británica) y ahora en Madrid. Madrid me recuerda mucho a Beirut, y me ha enseñado mucho acerca del significado de ser un “levantino globalizado”.

Echo de menos esos días con mi padre en Sahat al Shouhada, pero supongo que cada ser humano lleva consigo la huella del pasado. Amo ese pasado. ¡No quiero perderlo!

LETTER FROM BEIRUT

I have just landed in Beirut, the Mediterranean’s bride! I am here for few days involved in meetings and research.

I have many memories in this city and I thought of sharing some of them with you. Like Alexandria and Sarajevo Beirut has always been a city where several cultures traditions lived and clashed.

I remember as a kid I used to come along with my late dad Emile who lived most of his life in Ghana (West Africa). I always looked forward catching a “service” popular taxis who for few piastres brought you to Sahat al Shouhada  (Martyr’s Square).

Together with my father we used to visit his friends in the various souks (markets) visiting with his friends in the Jeweller’s market (souk al siyyaghin) or Souk al Tawile where you had a concentration of clothing businesses.

At Souk al Ifranj (the French Market) we used to stop and enjoy sipping a jellab from the ambulant merchants bringing some relief from the searing heat!

After that delightful experience we used to go to Ajami a popular restaurant that was famous in downtown Beirut before the war. One of the specialties in addition to the appetizing mezzes was foul mdammas (cooked beans) people here eat for breakfast or lunch.

My father Emile was always keen on instilling in me the love of country with all its beauties and warts. I had a conflictive relationship with him, God rest his soul. We never agreed about Lebanese politics. My father was a member of a pan Arab nationalist movement that called for the creation of Greater Syria. This movement, the Syrian National Socialist Party (known by its French acronym Parti Populaire Syrian– PPS) is now split and has less of an impact in Lebanese politics. But in the early 1960s members of the PPS attempted a coup against the Lebanese government. Some of its members were jailed subsequently including my dad, but just for few days.

During my adolescence I discovered the work and deeds of an important Lebanese politician who was respected in Lebanon, the region, and worldwide. His name was Kamal Jumblatt a scion of a very prestigious Druze family. The Druze religion is an offshoot of Islam and its beliefs are a mixture of Greek and Hindu philosophies.

Jumblatt, who was succeeded by his son Walid (this is Lebanon for you!) believed in the Palestinian cause and led the Lebanese National Movement during the civil war.

I recall visiting Kamal Jumblatt at his house in Beirut. Until he was assassinated in 1977, Jumblatt was an impressive and charismatic personality who believed in the benefits of yoga and living as a vegetarian. During that visit Jumblatt offered me a copy of his book Adab al Hayat (The Art of Living). In it Jumblatt detailed his vision of life from nutrition to interpersonal relations. Jumblatt was the founder of the Lebanese Socialist Party.

My father was not too keen on Jumblatt’s ideas and political perspectives. I guess this is what happens when a young man like me begins to explore different ideas and options. My father was not very happy with that!

The civil war in Lebanon (1975-1989) changed everything. Today Beirut has been rebuilt but it has lost its soul as a multicultural meeting place. It is today the symbol of a country involved in a crucial search for its identity.

I have lived in many cities including Milan, Rome, Palermo, Los Angeles, New York, Indianapolis, Annapolis, Victoria (British Columbia) and now Madrid. Madrid reminds me a lot of Beirut and has taught me much about the significance of being a “globalized Levantine.”

I miss those days spent with my father in Sahat al Shouhada but I guess every human being carries with him or her traces of the past. I love that past. I do not want to lose it!

1 comentario

Archivado bajo Beirut, Druze, Hinduismo, Kamal Jumblatt, Líbano, Oriente Medio, Walid Jumblatt

Una respuesta a “Carta desde Beirut / Letter from Beirut

  1. Cristina

    Beirut, al igual que Alejandría o Estambul, o incluso Nueva York, en el otro lado del mundo, fueron ciudades cuya riqueza, en gran medida, se basaba en la diversidad de sus gentes, de sus religiones, de sus costumbres; donde siglos de tolerancia habían dado lugar a un multiculturalismo propio, en el que todos tenían su lugar. La guerra, en el caso de Beirut, o una creciente islamización, en el de Estambul, han ido minando sus personalidades.
    A Madrid le queda todavía mucho para que la mezcla de culturas forme parte de la esencia de la ciudad. Aunque es posible que su espíritu abierto e inclusivo acabe por hacer de ella una capital realmente cosmopolita.

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