El blues de Libano / Lebanon Blues

 

Pido la paciencia y comprensión de mis lectores cuando lean mi tercer blog sobre Líbano en pocos días. En esta ocasión no abarcaré un objetivo análisis político, sino unas reflexiones sobre cómo la tragedia de Líbano me ha afectado a mí de forma personal y a mucho libaneses en general.

 Ser natural de un país que hoy es considerado como un estado fallido no resulta fácil. Antes de ser visto como tal, Líbano fue conocido como la Suiza de Levante y Beirut como el París de Oriente. Eran tópicos preciosos que rápidamente perecieron durante la larga guerra civil de 1975-1990. 

Me acuerdo que el primer temblor que conmocionó mi existencia fue el del terremoto de 1952 en Beirut. Seis años más tarde la guerra civil de 1958 estalló, duró unos pocos meses y las cosas volvieron a su cauce. Eisenhower envió a los marines norteamericanos a las orillas de Líbano y volvimos a la normalidad. No me acuerdo mucho de ese periodo, ya que tan sólo tenía seis años. 

Al inicio de la guerra civil de 1975 estaba trabajando en las oficinas regionales de la Radio y Televisión Italiana (RAI). Fueron los años más hermosos de mi vida. Me acuerdo que conocí a la mayoría de los actores importantes de la política libanesa: personajes como el líder druso Kamal Jumblatt, los líderes cristianos maronitas Camille Chamoun y Pierre Gemayel, y esa figura encumbrada en la comunidad chií, Sayed Mousa al Sadr. 

En 1978 me trasladé a Los Ángeles para terminar mis estudios doctorales en la Universidad de Southern California. Mis años de estudiante estuvieron salpicados por los vaivenes de las luchas en Líbano. El estar al día con las noticias y mantener el contacto con la familia y amigos tuvo un efecto consolador, aunque duraba poco. Mientras estaba en Los Ángeles, la ansiedad de la guerra permanente, dramatizada con la invasión israelí de Líbano en 1982 y los eventos que dicha invasión desencadenaron, motivó al entonces Cónsul General de Líbano en Los Ángeles a convocar reuniones regulares en su residencia, invitando a representantes de todas las facciones libanesas. 

Tengo un recuerdo muy nítido de como, después de semanas de arduas negociaciones, los representantes de las distintas facciones libanesas en el conflicto habían alcanzado un principio de acuerdo sobre cómo poner fin a la guerra. Por desgracia, este acuerdo negociado en Hollywood no gustó a los señores de la guerra en Beirut. Significaba volver a empezar, todos estábamos desanimados porque no podíamos influir sobre los eventos que acontecían en nuestra patria. 

Después de estas reuniones con el Cónsul General de Líbano, no abandoné mis actividades. Junto con otros estudiantes libaneses y académicos, intentamos organizar seminarios y sesiones informativas regulares sobre las últimas noticias en Líbano. En un momento dado entendimos que gozábamos de un gran capital en cuanto a comprensión y gente que deseaba nuestro bien, pero nada más. Los libaneses en América teníamos que crear nuestro propio lobby para influir en la política estadounidense referente a nuestro país. Así se creó la American Task Force for Lebanon, ATFL, (Comisión Americana para Líbano), que sigue funcionando en la actualidad con el objeto de mantener a Líbano en un lugar destacado en la agenda de prioridades norteamericana. 

La crisis actual en Líbano es otro ejemplo de cómo el sufrimiento de un país afecta a sus hijos e hijas. Dondequiera que vivan, desde Beirut hasta Los Ángeles, los libaneses están preocupados y entristecidos por la tragedia que, una vez más, ha acontecido en su tierra. Se sienten impotentes y desesperanzados con un mundo que no sólo ha llegado a percibir a Líbano como un estado fallido, sino también como un escenario cómodo para el juego de las naciones. Una vez más los líderes de los libaneses les han llevado por mal camino y les están usando como carne de cañón. 

¡Basta ya! Es hora de que los libaneses en Líbano y la Diáspora (más de 10.000.000) pidan el fin al derramamiento de sangre, y que animen y fomenten el auge de nuevos líderes. De no hacerlo pronto, Líbano seguirá siendo un hermoso recuerdo para muchos libaneses y sus amigos. Una memoria y poco más, como la foto de mis difuntos abuelos que cuelga en mi casa familiar. Les quería, su memoria sigue en mí, pero se fueron hace mucho tiempo.

  

LEBANON BLUES

 I would like to ask for my readers’ forbearance and understanding as I write my third entry in few days on Lebanon. This time I will not delve into heady political analysis but reflect on how the tragedy of Lebanon has affected me personally and many Lebanese in general. 

Hailing from a country that is today considered as a failed state is not easy. Before it was considered as a failed state Lebanon was known as the Switzerland of the Levant and Beirut the Paris of the East. These were beautiful clichés that were fast destroyed by the long civil war of 1975-1990. 

I recall the first tremor that shook my existence was the 1952 earthquake in Beirut. Six years later the 1958 civil war began and lasted for few months and things got back to normal. The US Marines were dispatched by Eisenhower to Lebanon’s shore and things quieted down. I do not recall much of that period as I was 6 years old. 

When the civil war began in 1975 I was working for the regional offices of the Italian Radio and Television (RAI).  These were the most beautiful years of my life. I recall meeting most of the major players on the Lebanese political scene: personalities such as the Druze leader Kamal Jumblatt, the Christian Maronite leaders Camille Chamoun and Pierre Gemayel, and that towering figure in the Shia community Sayed Mousa al Sadr. 

In 1978, I headed out to Los Angeles to complete my doctoral studies at the University of Southern California. My years of study were punctuated by the ups and the downs of the fighting in Lebanon. Following the news, staying in touch with family and friends had somehow a short term but soothing effect. While in Los Angeles, the anxiety of the constant warfare, dramatized by the Israeli invasion of Lebanon in 1982 and subsequent events, led the Consul General of Lebanon in Los Angeles to hold regular meetings in his residence inviting representatives from all Lebanese factions. 

I do recall vividly that following weeks of hard negotiations representatives from the various Lebanese warring factions had reached some kind of an agreement on how to stop the war. Unfortunately, this agreement reached in Hollywood did not please the warlords in Beirut. We were back to square one despondent that we could not have an impact on happenings in our homeland. 

Following these meetings with the Consul General of Lebanon I did not stop my activities. Together with other Lebanese students and academics we tried to organize teach-ins and regular briefings on what was going on in Lebanon. At a certain point we understood that we had a large capital of sympathy but nothing more. Lebanese in America needed to create their own lobby to affect US policy towards their country. Thus was created the American Task Force for Lebanon (ATFL) still in action today trying to keep Lebanon on the American agenda of concerns. 

The current crisis in Lebanon is another example of how a country’s travail reflects on its sons and daughters. Wherever they live, from Beirut to Los Angeles, Lebanese are concerned and saddened by the tragedy that has again befallen their country. They feel a sense of helplessness and despondency at a world that has come to perceive Lebanon as a failed state but also a convenient playground for the game of nations. Once again Lebanese have been misled by their current leaders and used as cheap cannon fodder.

 Enough is enough! It is time for the Lebanese in Lebanon and the Diaspora (more than 10,000,000) to call for an end to the bloodshed and encourage and foster the emergence of a new leadership. If this does not happen soon Lebanon will remain a beautiful memory for many Lebanese and their friends. A memory and not much more; like the picture of my late grandparents in my family home. I loved them, their memory stays with me, but they are long gone.

 

 

 

 

1 comentario

Archivado bajo Camille Chamoun, EEUU, Israel, Kamal Jumblatt, Líbano, Oriente Medio, Pierre Gemayel, Sayyid Mousa al Sadr

Una respuesta a “El blues de Libano / Lebanon Blues

  1. Daniel Shenhar

    Frankly, the situation in Lebanon is deeply depressing. On the humane side, I feel for the citizens of this beautiful land, suffering the sequels of political turmoil. As an Israeli, I am deeply worried that a once pluralistic and vibrant nation is fast becoming an Iranian stronghold on the shores of the Mediterranean.
    I can´t help but being pessimistic. The way Hezbollah has put its adversaries on their knees is demonstrative of its overwhelming capacity, both military and political. It is unbelievable how this organization has built up its power throughout the years, with no other Lebanese authority doing anything about it. I guess the Syrian and Israeli presence made it difficult to confront Hezbollah (which used the Israeli presence in Southern Lebanon as a pretext for the accumulation of arms, under the protection and with the active assistance of Syria), but the stalemate since 2005 has led to this cataclysm.
    It is clear now that Hezbollah is the de facto ruler of the country, and that the so-called government is no more than a mere institutional shell, with no content. The army is completely paralyzed, the Syrians and Iranians have a free hand, while possible allies of the parliamentary majority cannot intervene (U.S, EU).
    A bad sign for the region…

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