Verano en Feytroun / Summer in Feytroun

 

El verano es siempre un buen momento para relajarse, ponerse al día con la lectura de libros que se han ido acumulando en el montón y, lo más importante, disfrutar de las bondades de la naturaleza.   

Siendo niño, esperaba con ansiedad las vacaciones estivales. El año escolar solía terminar a finales de junio y se merecía un descanso después de un año entero de estudios, deberes y exámenes, tanto en árabe como en francés. 

Los veranos en Beirut habitualmente son inaguantables por la humedad y el calor. Por eso, muchos libaneses o tienen una casa en la montaña o suelen alquilar un piso para escapar del calor sofocante. Otros prefieren la playa y las muchas opciones que ofrece el Mediterráneo. La tragedia es que, con pocas excepciones, la mayoría de las playas de Líbano están contaminadas. La gente compra bonos para diversos resorts playeros que muchos no pueden costear. Aquellos que no pueden pagar las comodidades del resort se bañan de todos modos en las playas. 

Mi difunto padre, Emile, tenía cariño a un bonito pueblo en el distrito de Kisrawan del Monte de Líbano. Feytroun, que se encuentra a casi 1.000 metros del nivel del mar, es un sitio tranquilo rodeado de preciosas formaciones rocosas. A mi padre le gustaba Feytroun por su clima seco y el alivio que le proporcionaba después de la jornada laboral en Beirut. 

Tengo el recuerdo de que mis días transcurrían de la siguiente manera: por la mañana estudiaba, echaba la siesta por la tarde y luego jugaba con los demás niños del mismo edificio. No abandonaba el estudio y la lectura siquiera en las vacaciones. Normalmente teníamos que completar lo que los franceses denominan “devoirs de vacances” (deberes de vacaciones) que venían en cuadernos llenos de ejercicios que iban desde las matemáticas hasta la literatura. A mi hermano y a mí se nos daban muy mal las matemáticas, por lo que mi madre contrataba a un profesor particular para ayudarnos a navegar por las turbias aguas de los números. Siempre he odiado los números, pero supongo que son una parte esencial de la vida. Además de las mates, teníamos que redactar pequeños trabajos en árabe y francés sobre nuestras vacaciones con sus diversas aventuras o travesuras. 

Los fines de semana mi padre nos llevaba a toda la familia a alguno de los inolvidables restaurantes en la montaña por los que Líbano es muy conocido. Uno se sentaba en una mesa grande con otros comensales a disfrutar de todo tipo de mezze (las tapas libanesas): hoummous, baba ghannouj, tabboule, fattoush, y un plato grande de verduras frescas. Después de las mezze muchas veces había un plato inmenso de pollo a la barbacoa con ajo. Una delicia para los sentidos y, como no, para el estómago. Se regaba la comida con arak, la bebida nacional libanesa de anís, muy parecido al ouzo griego o el francés pastis, solo que más fuerte. Los demás niños y yo, ya que no podíamos tomarlo, sorbíamos zumos de varios tipos, así como el agua fresquita que venía directamente de una fuente de la montaña. 

Recuerdo que de niño, y también de quinceañero, era muy travieso y un poco trasto. Nuestra casa representaba siempre un puerto para todo tipo de amigos, incluyendo una banda de rock. Una calurosa noche de verano invité a este grupo a que tocara cerca de nuestra casa. Mucha gente acudió y nuestra casa estaba a rebosar de toda clase de juventud alocada buscando comida y cobijo. Mi madre Yvette, claro está, no estaba nada conforme pero siempre tuvo la gracia de mimar a su consentido hijo mayor ¡para así evitar las rabietas! 

Echo de menos estos veranos en Feytroun. Ahora es mi hermano Camille quien disfruta de la belleza de las montañas de Líbano. Me invita constantemente a que vaya por allí a pasar unos días. Me imagino que este verano me quedaré en Madrid, haciendo alguna excursión por la región. Madrid en verano me encanta. ¡Sus calles vacías y noches frescas me recuerdan a Beirut!

 

SUMMER IN FEYTROUN 

Summer is always a good time to relax, catch up on reading books that have piled up throughout the year and, most importantly, enjoy the bounties of nature. 

As a child, I used to look forward anxiously towards the summer vacation. The school year usually ended in late June and a break was deserved after a whole year of studying, homework and writing exams in both Arabic and French. 

Summers in Beirut are usually unbearable because of the humidity and heat. So many Lebanese have either a house in the mountains or usually rent an apartment to escape the searing heat. Others prefer the beach and the many opportunities the Mediterranean offers. Tragically enough most of Lebanon’s beaches are polluted with few exceptions. People usually get memberships in various beach resorts that are not affordable to many. Those who cannot afford the resort amenities swim all the same from public beaches. 

My late father, Emile, used to be fond of a beautiful village in the Kisrawan district of Mount Lebanon. Feytroun, which is almost 1000 meters above sea level, is a lovely quiet place surrounded by beautiful rock formations. My father liked Feytroun because of its dry weather and the relief it offered after a day’s work in Beirut. 

I recall spending my days studying in the morning, a nice siesta in the afternoon, and playing around with other children who were living in the same building we stayed in. Studying and reading did not abandon us even during vacations. We usually had to work on what the French call “devoirs de vacances” (summer assignments) that usually were contained in booklets full of exercises from math to literature. My brother and I were really bad at mathematics so my mother used to hire a private teacher to help us sail through the rough waters of numbers. I have always hated numbers but I guess they are a crucial part of one’s life. In addition to math we had to write small compositions in Arabic and French on our vacations and the various adventures or misadventures we were involved with. 

During the weekends my father used to take the whole family to these unforgettable mountain restaurants for which Lebanon is very well known. Sitting on a large table with other guests lunches included all types of mezze (the Lebanese tapas): hoummous, baba ghannouj, tabboule, fattoush, and a beautiful platter of green and fresh vegetables. The mezze was usually followed with a huge platter of coal-grilled chicken with garlic. That was a delight for the senses and the stomach of course. The whole meal was accompanied by arak the Lebanese national aniseed drink very similar to the Greek ouzo or the French pastis but stronger. Not being of drinking age the other kids and I had to sip various juices and the cool fresh water directly coming from the mountain source. 

As a child, then a young adolescent, I recall being very mischievous and somewhat unruly. Our house was always a harbour for all kinds of friends including a rock band. One hot summer night I invited this band to perform close to our house. A lot of people showed up and our house was swarming with all kinds of wild youth seeking food and shelter. Of course, my mother, Yvette, was very unhappy about this but she had always the grace to pamper her oldest and spoiled son for fear of tantrums! 

I miss these summers in Feytroun. Now, my brother Camille enjoys the beauty of Lebanon’s mountains. He is always inviting me to spend some time there. I guess this summer I will be staying in Madrid with a few trips here and there. I love Madrid in the summer. Its empty streets and cool evenings bring back the memories of Beirut!

 

 

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