Un canje agridulce / A Bittersweet Swap

 

El domingo pasado el gobierno israelí aprobó, con 22 votos a favor y ninguno en contra, un canje de presos con Hizbulá, por el cual Israel liberará a los prisioneros libaneses a cambio de los cuerpos de dos soldados israelíes muertos durante la guerra del verano del 2006 en Líbano. Aquella guerra se desencadenó cuando el grupo militante chií retuvo a dos soldados israelíes, Eldad Regev y Ehud Goldwasser. Sayyed Hasan Nasrallah, el líder de Hizbulá, justificó el secuestro como una maniobra de presión para recuperar a los militantes libaneses detenidos en las cárceles israelíes.

 No es la primera vez que hay un canje de presos entre Líbano e Israel. En 1983, Israel liberó a 4.600 prisioneros palestinos y libaneses a cambio de seis soldados israelíes que fueron capturados durante la invasión israelí de Líbano en 1982. También hubo canjes de prisioneros en 1985, 1991 y 1996. En 2004, Israel e Hizbulá efectuaron otro canje cuando un civil israelí y los cadáveres de tres soldados israelíes fueron intercambiados por 436 presos libaneses y palestinos, y los cuerpos de 59 combatientes libaneses. 

En el entorno irracional que caracteriza el conflicto entre Israel y sus vecinos árabes, los presos han servido de moneda de cambio para ambos lados. Cuando todavía operaba en Líbano, la OLP realizó un canje de presos con los israelíes a pesar de la negativa de éstos de tratar con “terroristas.” Lo mismo ha ocurrido con Hizbulá desde su irrupción en el escenario libanés en 1982. Las negociaciones para el canje de presos tuvieron lugar entre un estado fuerte, Israel, y combatientes de la guerrilla, primero los palestinos, luego los libaneses, con la ayuda de mediadores extranjeros, sobre todo alemanes. El pragmatismo marcó el proceso por ambos lados.

 Las reacciones en Líbano e Israel eran dulces en el primer país y amargas en el segundo. En Líbano existe un consenso sobre como el próximo canje de presos (para mediados de julio si no antes) representa una oportunidad de unificar a los libaneses a pesar de las recientes divisiones y enfrentamientos armados. Está muy claro que Hizbulá utilizará el canje como un argumento importante para su reintegración como un movimiento de resistencia. Durante los enfrentamientos armados del pasado mayo en Líbano, la milicia-partido político chií incumplió su misión declarada de no usar armas en un conflicto interno. Esto es precisamente lo que ocurrió, e Hizbulá perdió muchos de sus partidarios entre ciertos sectores de la población libanesa, especialmente en las comunidades suníes y drusas. 

En Israel el canje de prisioneros coincide con un momento de intensas divisiones políticas internas y las acusaciones de corrupción a las que se está enfrentando el primer ministro Ehud Olmert. No existe un consenso en Israel sobre si el gobierno debería negociar con su enemigo acérrimo, Hizbulá, por la ayuda que recibe éste de Irán.  Uno de los motivos clave del apoyo por parte del gabinete israelí al canje de prisioneros es su incapacidad de rescatar al navegador de las Fuerzas Aéreas Israelíes Ron Arad, secuestrado en Líbano en 1986, y todavía en paradero desconocido. Además, está la política declarada de Israel de hacer lo que haga falta para rescatar a los soldados, vivos o muertos. 

Es muy importante entender el contexto regional de este último acontecimiento. Existe un consenso hoy en día entre Europa y EE.UU. de que hay que aislar a Irán, el mayor valedor de Hizbulá. Se está materializando esta política con el canje de presos, así como con la decisión europea, y sobre todo francesa, de acercarse a Siria, otro valedor de la causa de Hizbulá. A esto hay que sumar el reciente acuerdo de alto el fuego entre Hamás e Israel.

 ¿Esta nueva estratagema política tendrá éxito? Recientemente, y según los medios de comunicación, ¡un líder sirio dijo que distanciar a Siria de Irán sería tan imposible como abrir una brecha entre Israel y los EE.UU!

 

A BITTERSWEET SWAP 

Last Sunday the Israeli government approved 22-to-0 a prisoner swap with Hezbollah whereby Israel would free Lebanese prisoners in exchange for the bodies of two Israeli soldiers killed in the summer 2006 Lebanon war. That war was provoked when the Shia militant group abducted two Israeli soldiers, Eldad Regev and Ehud Goldwasser.  Sayyid Hasan Nasrallah, Hezbollah’s leader, had justified the kidnapping as a pressure move to get back Lebanese militants held in Israeli jails. 

This is not the first time that a prisoner swap takes place between Lebanon and Israel. In 1983, Israel freed 4,600 Palestinian and Lebanese captives in exchange for six Israeli soldiers abducted during the 1982 Israeli invasion of Lebanon. Prisoner swaps took also place in 1985, 1991, and 1996. In 2004, Israel and Hezbollah went through another exchange when an Israeli civilian and the bodies of three Israeli soldiers were exchanged for 436 Lebanese and Palestinian prisoners and the bodies of 59 Lebanese fighters. 

In the irrational environment that characterizes the conflict between Israel and its Arab neighbours, prisoners have also been a useful card used by both sides.   When it was still operating in Lebanon, the PLO went through a prisoners´ swap with the Israelis despite the latter’s refusal to deal with “terrorists.” The same has applied since Hezbollah appeared in force on the Lebanese scene in 1982. Negotiations for the prisoner swap took place between a strong state, Israel, and guerrilla fighters first Palestinian then Lebanese, with the help of foreign, mostly German, mediators. Pragmatism prevailed on both sides. 

Reactions in Lebanon and Israel were sweet in Lebanon and bitter in Israel. In Lebanon, there is a consensus that the forthcoming prisoner swap (by mid-July if not earlier) is an opportunity to unify the Lebanese despite recent divisions and armed clashes. It is very clear that the swap will be a major card Hezbollah will use to reinstate its major mission as a resistance movement. During last May’s clashes in Lebanon the Shia militia cum political party had violated its stated aim not to use its weapons in any internal conflict. This is in fact what had happened and Hezbollah lost a lot of its support among certain sections of the Lebanese population especially in the Sunni and Druze communities. 

In Israel, the prisoner swap comes at a time of bitter internal political divisions and accusations of corruption levelled against Prime Minister Ehud Olmert. There is no consensus in Israel on whether the government should negotiate with Israel’s bitter enemy, the Iranian-supported Hezbollah. One of the major elements that led the Israeli cabinet to approve the prisoner’s swap is the failure to rescue Israeli Air Force navigator Ron Arad abducted in Lebanon in 1986 and whose whereabouts are still unknown. Add to that Israel’s stated policy to make the utmost effort to liberate abducted soldiers or obtain their bodies. 

It is very important to place this latest development in a regional context. There is today a US-European consensus that Iran, Hezbollah’s major backer, ought to be isolated. This policy is now being materialized by the prisoners’ swap and by the European, mostly French, decision to open up to Syria, another champion of Hezbollah’s cause. Add to that the recent ceasefire agreement between Hamas and Israel. 

Will this latest political gambit succeed? Recently, a Syrian leader was quoted as saying that weaning Syria from Iran is as impossible as creating a wedge between Israel and the USA!

 

 

 

 

 

 

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Archivado bajo Druze, EEUU, Ehud Olmert, Hamas, Hezbollah, Iran, Israel, Líbano, OLP, Oriente Medio, Sayyid Hasan Nasrala, Siria

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