Ser un arabe-americano / Being An Arab-American

 

El 4 de julio es una fecha señalada, es el día en que los americanos celebran el Día de la Independencia del yugo de la ocupación británica.

 Recuerdo el 30 de julio de 1987, cuando juré bandera para convertirme en un ciudadano americano. 

En 1987, vine a los Estados Unidos de América para realizar un curso de postgrado en relaciones internacionales en la Universidad de California del Sur (UCS), en Los Ángeles. Nunca olvidaré cuando aterricé en ALA (la abreviatura para el Aeropuerto de los Ángeles), la sensación de abrumo por las dimensiones de todo, desde los edificios hasta las autopistas. Recuerdo que llegué con tres bultos de equipaje llenos de efectos personales y un montón de libros. Dos colegas, estudiantes internacionales de ingeniería, me ayudaron a llevar mis maletas al campus. La Universidad de California del Sur es una de las pocas universidades americanas que cuentan con un elevado número de estudiantes extranjeros. 

Tan pronto como llegué al campus, y junto con otros estudiantes internacionales, fuimos puestos al día acerca de la vida en América y de cómo comportarnos con los americanos. Nos avisaron que experimentaríamos un “shock cultural”.  El shock consistía en cómo yo tenía que aprender a encontrar mi propio camino serpenteando por la vida del campus, e interactuando con estudiantes de Estados Unidos y de otras partes. Tuve suerte de acabar con otros estudiantes de Oriente Medio, la mayoría de Líbano e Irán. Por aquel entonces los iraníes habían buscado refugio en los Estados Unidos después de la Revolución Iraní de 1979. 

Tuve que adaptar mis costumbres mediterráneas al estilo de vida americano. Las primeras lecciones que aprendes son a ser pragmático, práctico y directo. A los americanos les gusta tener las cosas hechas y de manera rápida. No se preocupan mucho acerca del pasado o la burocracia. Todo está diseñado para hacer la vida de las personas fácil, desde abrir una cuenta bancaria hasta obtener el carné de conducir. 

Debo a primera esposa, Sarah, la oportunidad de navegar por el shock cultural o mejor dicho, el shock de culturas. Me ayudó a comprender algunos aspectos de la vida en América que me hubiesen llevado mucho tiempo descubrir por mi mismo. Estoy agradecido a Sarah por compartir cinco años de su vida conmigo, y por darme una idea que resultó ser de gran ayuda para mi carrera académica. 

Una noche, estábamos viendo el famoso programa de noticias en televisión “60 minutos.” Normalmente el programa se emite los domingos. Ese día estaban entrevistando al Reverendo Theodore M. Hesburgh, presidente emérito de la Universidad de Notre Dame en Indiana. El Padre Hesburgh es muy respetado en el mundo académico y social americano. Él convirtió Notre Dame en uno de los principales centros de enseñanza terciaria en los Estados Unidos. También fue solicitado por más de un presidente de EE.UU. y por el Congreso para ayudar en temas clave y vitales de la vida y sociedad americana. 

Estaba a punto de comenzar mi disertación doctoral sobre el papel del Vaticano en Oriente Medio. El Padre Ted, como le gustaba que le llamaran, había abierto un centro ecuménico en Jerusalén y conocía a mucha gente influyente en la región. 

Sarah me miró y dijo “¿por qué no te pones en contacto con el Padre Ted?” Eran las nueve de la noche cuando, habiendo encontrado el número directo del Padre Ted, llamé sin avisar.

 

Para mi gran asombro, el Padre Hesburgh todavía estaba trabajando. Era conocido por ser un famoso adicto al trabajo y un ser humano amable y comprensivo. Le dije que necesitaba su ayuda para conseguir contactos en Jerusalén y Roma, dos lugares clave para estudiar la diplomacia del Vaticano. Padre Ted hizo lo propio. Pocos días más tarde recibí una carta suya con una importante lista de nombres y contactos. 

Permanecí en comunicación con Hesburgh. A cada carta que le mandaba recibía una respuesta rápida del “Padre Ted”. Tan pronto como acabé mi disertación doctoral, llamé al Padre Ted y le pregunté si me podía ayudar a publicar mi estudio. Me recomendó que mandara el manuscrito a la editorial de la Universidad de Notre Dame, y lo hice. Un año más tarde el libro estaba en la calle con un prólogo del Padre Ted. Posteriormente, mi libro fue traducido al francés, italiano, árabe y portugués. 

Este es un ejemplo de la bondad y el pragmatismo americanos. Como árabe-americano doy gracias por haber tenido la suerte de conocer al Padre Hesburgh, así como a otros colegas que jugaron un papel importante en mi vida. A todos ellos les estoy muy agradecido. 

A pesar de las erróneas políticas actuales de mi país adoptivo en Oriente Medio (desde Irak a Palestina), estoy orgulloso de ser árabe, orgulloso de ser americano y feliz de estar en España. 

 

BEING AN ARAB AMERICAN 

 

The Fourth of July is an important occasion as the Americans celebrate Independence Day from the yoke of British occupation

 I recall the day (July 30, 1987) when I swore the Pledge of Allegiance to become an American citizen. 

In 1978, I came to the United States of America to seek a graduate degree in international relations at the University of Southern California (USC) in Los Angeles. I will never forget when I landed at LAX  (this is the abbreviation for Los Angeles Airport) the sense of being overwhelmed by  the large size of everything from buildings  to highways  I recall arriving with three  pieces of luggage full of personal effects and a lot of books. Two fellow international engineering students helped me carry my weight to campus.  USC is one of the few American universities that have a large number of foreign students. 

As soon as I reached campus, and together with other international students, we were briefed on life in America and how to behave with Americans. We were warned that we will be experiencing a “culture shock”. A shock it was as I had to learn how to find my way in the meanders of campus life and interacting with other students from the U.S. and elsewhere. I was lucky to have ended up with other students from the Middle East mostly from Lebanon and Iran. At that time several Iranians had sought refuge in the U.S. following the Iranian Revolution in 1979.

 I had to adapt my Mediterranean ways to the American way of life. Being pragmatic, practical and straightforward are the first lessons you learn. Americans like to get things done and fast. They do not care too much about the past or the bureaucracy. Everything is designed to make an individual’s life easy from opening a bank account to obtaining a driver’s license. 

I owe to my first wife Sarah the chance of sailing through culture shock or better the shock of cultures. She helped me understand many aspects of life in America that it would have taken me a long time to discover on my own. I am grateful to Sarah for sharing five years of her life with me and for giving me an idea that proved to be of great help to my academic career.

 One night, we were watching the famous TV news program “60 Minutes.” The program usually airs on Sundays. That day they were interviewing the Reverend Theodore M. Hesburgh, president emeritus of the University of Notre Dame in Indiana. Father Hesburgh is highly respected in American academia and society. He basically made Notre Dame as one of the major higher learning centers in the U.S. He was also called upon by U.S. presidents and Congress to help with key and vital issues in American life and society. 

I was in the process of initiating my doctoral dissertation on the role of the Vatican in the Middle East. Father Ted, as he liked to be called, had established an ecumenical center in Jerusalem and knew a lot of influential people in the region. 

Sarah looked at me and said “why don’t you get in touch with Father Ted?” It was nine in the evening, when, having found out Father Ted’s direct office number, I called out of the blue. 

To my big surprise Father Hesburgh was still working. He was known to be a famous workaholic and a kind, supportive human being. I told him that I needed his help to obtain contacts in Jerusalem and Rome, two key places to study Vatican diplomacy. Father Ted obliged. Few days later I received a letter from him with a list of important names and contacts. 

I stayed in touch with Hesburgh. To each letter I sent I got a prompt reply from “Father Ted.” As soon as I finished my Ph.D. dissertation I called Father Ted and asked him if he could help me publish my study. He recommended that I sent the manuscript to the University of Notre Dame Press which I did. One year later the book was out with Father Ted’s Foreword.  Later on my book was translated into French, Italian, Arabic and Portuguese. 

Here is an example of American kindness and pragmatism. As an Arab American I am very grateful to have had the luck to meet Father Hesburgh and many other fellow citizens that played an important role in my life. I am grateful to them. 

Despite my adoptive country’s current wrong policies in the Middle East (from Iraq to Palestine) I am proud to be an Arab, proud to be an American and glad to be in Spain.

2 comentarios

Archivado bajo Oriente Medio

2 Respuestas a “Ser un arabe-americano / Being An Arab-American

  1. Clotilde Pinto Ribeiro

    DE UN CONTINENTE A OTRO.
    Tal como George Irani, aterricé en 1989 en S.Francisco, USA. Tal como George Irani, en mi equipaje iban los afectos de otra cultura. Tal como G.I., me dejé llevar por una entrañable cultura, en que su gente prima por su elevado espirito de convivencia y se basa en un sentido común, práctico y en un sentido de igualdade. Rápidamente me sentí en casa.
    Quince años más tarde, regreso a mi viejo continente…a mi viejo país. Regreso con mi equipaje de siempre, pero, con un equipaje pleno de principios…de tolerancia…de respecto…y, con tu libro traducido al portugués. Grácias por el tiempo que le dedicaste George Irani. Grácias por tu trabajo.
    Un Bem-Haja
    Clotilde Pinto Ribeiro Marmelada

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