Reconciliacion en Irak / Reconciliation in Iraq

“Es un honor para mi presentar otro artículo del embajador Ignacio Rupérez, que acaba de concluir su permanencia en Irak como Embajador de España. El embajador Rupérez ha publicado recientemente un libro de obligada lectura titulado Daños Colaterales: Un español en el infierno iraquí (Editorial Planeta, 2008 )

 

La reconstrucción moral y espiritual de Irak requerirá tantos esfuerzos como su reconstrucción física, y  muchos más años. Ciertamente la panorámica que el país presenta sobrecoge por la inseguridad y la devastación, pero más aún por el sangriento inventario de violencia desatada que durante años ha registrado la presencia determinante del asesinato, el  secuestro, la violación y las formas más ajustadas y brutales del terrorismo masivo. Si resulta que el hábito de la violencia también se practicaba  en los años de Saddam Hussein, aunque fuera de forma más organizada y metódica, y si nos remontamos a años anteriores, con  numerosos castigos contra chiitas, asirios y kurdos, nos encontramos ante una  introducida costumbre del terror que el frenesí de estos años no podía  escamotear sus orígenes remotos. Pero que reconozcamos la profundad y permanencia de la violencia en Irak, tampoco  impide verificar que desde  Marzo de 2003 ha recibido renovadas oportunidades. 

Las nuevas oportunidades en manos de fanáticos y criminales a los que la desagregación de Irak pareció conceder todo tipo de excusas  y derechos, se han  multiplicado por la misma desaparición del Estado, la crisis de los poderes locales y el carácter odioso de la ocupación militar. Kurdos contra árabes, chiitas contra sunitas, insurgentes contra soldados extranjeros, delincuentes y asesinos contra ciudadanos inocentes, y un largo etcétera, encubre toda una combinatoria de formas agresivas de barrio contra barrio, entre tribus, ciudades y territorios, entre los mismos sunitas y chiitas, con otro largo etcétera en que  todo vale, cualquier  medio es bueno para sobrevivir y la ausencia de orden y autoridad supone licencia para todo. Por desgracia, fanáticos y criminales han llegado a marcar el estilo de vida y la forma de existencia del ciudadano irakí, en un estado  de  miseria física y espiritual que caracterizan la desconfianza y la ausencia de futuro, el desamparo y la voluntad de huir. 

Si en el drama irakí registrara menos actores y motivos para los enfrentamientos, sería más fácil hablar de reconciliación, más cercana estaría la posibilidad de perdón y olvido, para volver a trabajar y convivir con objetivos compartidos. Pero en un conflicto tan  variado, con actores y  castigos “tous azimuts” que ya ha ocasionado miles de víctimas y millones de exiliados y desplazados, el trabajo de normalización del país, normalización social quiero decir, se presenta mucho más complejo y se refiere a la aleatoriedad de la violencia con  diversa combinatoria, incidiendo en generaciones, mentalidades, comunidades, familias y tribus. Quizás más que reconciliación nacional  habría que hablar de reconstrucción humana y de regeneración del tejido social, en un país cuya mayor desgracia desde Marzo de 2003 residiría precisamente en haber lanzado a unos irakíes contra otros para exterminarse con furia. 

IGNACIO RUPEREZ

 8 Julio 2008

 

“Today I am honored to host another article by Ambassador Ignacio Rupérez who has just completed a tour as the Ambassador of Spain to Iraq. Ambassador Rupérez just published a must-read book entitled Daños Colaterales: Un español en el infierno iraqui (Editorial Planeta, 2008)”

 

RECONCILIATION IN IRAQ 

Iraq’s moral and spiritual reconstruction would require as much effort as its physical reconstruction, and take many more years. Clearly the country’s general panorama overwhelms us by its lack of security and devastation, but even more so by the bloody inventory of violence unleashed that has witnessed for years the deciding presence of murder, kidnap and rape, together with the most extreme and brutal forms of large-scale terrorism. If we recall that the habit of violence was practised during the years of Saddam Hussein, although in a more organised and methodical form, and if we go back to the years before his rule, with endless punishments of Shi’as, Assyrians and Kurds, we find ourselves facing an endemic custom of terror, the long-term origins of which cannot be concealed by the frenzy of the last few years. However, although we recognise the depth and permanence of violence in Iraq, this does not stop us from identifying the renewed opportunities the country has received since March 2003.

 The new opportunities, in the hands of fanatics and criminals who have been handed all sorts of excuses and rights by the disintegration of Iraq, have multiplied because of this very disappearance of the State, the crisis of local powers and the hateful nature of the military occupation. Kurds against Arabs, Shi’as against Sunnis, rebels against foreign soldiers, common criminals and murderers against innocent citizens, the list continues, in which anything goes, anything is valid in order to survive and the absence of order and authority confers a licence to everything. Tragically, fanatics and criminals have ended up shaping the Iraqi citizen’s lifestyle and form of existence, in a state of physical and spiritual poverty that are characterised by distrust and the lack of future, helplessness and the desire to flee. 

If the Iraqi drama had fewer players and reasons for clashes, it would be easier to talk about reconciliation, the possibility of forgiveness and forgetting would be closer, in order to work and live together with shared aims. But in such a many-sided conflict, with actors and punishments “tous azimuts” which has already caused thousands of victims and millions of people exiled and displaced, the work of normalising the country, social normalisation I mean, is much more complex. The violence is so haphazard, and with so many combinations, affecting generations, mentalities, communities, families and tribes. Perhaps instead of national reconciliation we should refer to human reconstruction and regeneration of the social fabric, in a country whose greatest misfortune since March 2003 resides precisely in having hurled Iraqi against Iraqi in a furious mutual extermination. 

IGNACIO RUPEREZ

8th July, 2008

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Archivado bajo Ignacio Ruperez, Iraq, Oriente Medio, Saddam Hussein

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