Las elecciones presidenciales estadounidense: una perspectiva arabe / The U.S. Presidential Elections: An Arab Perspective

Las Elecciones Presidenciales Estadounidenses: Una Perspectiva Árabe 

Radwan Ziadeh 

Investigador principal del Instituto de la Paz de los Estados Unidos (IPEU) en Washington, D.C. Radwan Ziadeh es director y unos de los fundadores del Centro de Estudios de Derechos Humanos de Damasco. 

Nunca he estado tan atento a ningún proceso político electoral como lo estoy por las actuales elecciones de Estados Unidos. Esto se debe no sólo a mi interés en el resultado final, sino también a la fascinación de un forastero observando el proceso político sin igual de este país, la implicación mediática, y la multitud de innovadoras tendencias sociales y económicas de su sociedad. 

Es indudable, claro, que estas elecciones son históricas, dado que es la primera vez que un negro es un candidato presidencial y que hubo una mujer en las elecciones primarias. También es la primera vez desde 1950, que la competición se limita a los miembros actuales del Senado de Estados Unidos. 

Tengo varios comentarios, pero me centraré en lo que yo, como analista árabe natural de un mundo en el que es anormal ver tal competición política a niveles ejecutivos, encuentro tan único e impresionante. Realizar una comparación exacta entre mi mundo y éste resulta virtualmente imposible. Después de todo, ¿cómo puede uno ni empezar a comparar un país altamente desarrollado, en lo referente a leyes e instituciones, con regímenes donde cualquier señal de cambio frecuentemente se enfrenta con una fuerte oposición, en los que abundan las crisis políticas, sociales y económicas? Esta observación puede, al menos, ayudar mejor a aquellos de mi mundo a comprender formas más efectivas de superar las crisis que predominan en la política árabe contemporánea. 

Para empezar, la diversidad de los candidatos presidenciales es increíble para mí. Barack Obama, por ejemplo, se yergue como un orgulloso hombre negro y la campaña, ya acabada, del republicano Mitt Romney le posicionó como un miembro prominente de la comunidad mormona. Más aún, estos candidatos trataron abierta y públicamente la cuestión de sus identidades desde el principio. 

La política de la identidad a menudo engendra la violencia en Oriente Medio, un fenómeno que resulta frecuente en esa parte del mundo. En los Estados Unidos, un candidato no hace un secreto de su religión, y la élite política asegura que la identidad de un candidato no se explota con fines políticos. En varias ocasiones, por ejemplo, Obama ha alentado a los americanos a que le den sus votos no porque él es negro, si no porque es el mejor hombre para el cargo. 

El sistema permite la discusión franca y clara de las filiaciones. Los debates abordan temas raciales y de género para conseguir información acerca de las actitudes de los votantes y de la opinión pública, y no para explotar estos asuntos con fines propios. Por ejemplo, en cada estado americano, los encuestadores calculan el porcentaje total de votantes negros, al igual que el ratio esperado de votantes negros que entregarán su voto a Obama.  Además, los presentadores de televisión en América invitan a comparecer a prominentes miembros de la comunidad negra, quienes abiertamente expresan su apoyo al “candidato negro,” mientras otros han proclamado que les gustaría que Obama se convirtiera en el presidente de “todos los americanos,” no sólo de los negros. 

Para la mayor parte, la élite política americana dirige estos temas con una importante dosis de prudencia y sensibilidad, previniendo que el discurso se convierta en un territorio peligroso de puja étnica. Todo lo contrario al mundo árabe, en el que nuestras élites políticas ignoran o niegan la existencia de problemas étnicos sistémicos, y simplemente intentan enfrentarse a ellos con perniciosos mecanismos de apropiación, explotación y manipulación. 

Esto nos lleva a otro punto, sobre la estrategia de campaña. Cada candidato debe desplegar continuamente vigorosos esfuerzos para conseguir el apoyo de grandes segmentos del pueblo americano, durante todo el proceso electoral. Estos esfuerzos siguen todo el año, y durante este periodo los candidatos viajan de manera continua. Tienen que pasar mucho tiempo con la gente de a pie para conseguir el apoyo a sus campañas. 

Cuando intento imaginar tal escenario en el mundo árabe, resulta casi cómico. Un presidente árabe, por ejemplo, nunca se dignaría a echarse a las calles para escuchar las peticiones y preocupaciones de su gente, y responderles con el fin de obtener votos. Los árabes tenemos mucho que aprender del proceso estadounidense de selección y elección de un presidente. La campaña en sí misma es un ejemplo perfecto de un gobierno elegido por el pueblo y para el pueblo. 

Radwan Ziadeh

http://www.barackobama.com/index.php

http://www.johnmccain.com/

 

The U.S. Presidential Election:   An Arab Perspective 

Radwan Ziadeh 

Senior Fellow at the United States Institute of Peace (USIP) in Washington, D.C.   Radwan Ziadeh is a founder and director of the Damascus Center for Human Rights Studies.

I have never been so attentive to any political elections process as I have in the case of the forthcoming United States elections. This stems not only from my interest in the ultimate outcome, but also an outsider’s fascination with observing this country’s unique political process, media involvement, and the myriad innovative social and economic trends within its society. 

It is undoubtedly clear that these elections are historic, as this is the first time a black is a presidential candidate and there was a women for the primary elections. It is also the first time since 1950 that competition is limited to members of the U.S. Senate.

My comments are many, but here I will focus on what I – as an Arab analyst hailing from a world in which it is an anomaly to see such political competition at executive levels – find so unique and impressive. To make a true comparison between my world and this one is virtually impossible. After all, how could one even begin to compare a highly developed country, in terms of laws and institutions, to regimes where any sign of change frequently meets strong opposition and political, social, and economic crises abound regularly? This observation can, at least, better help those from my world understand more effective ways to overcome the crises that wrack contemporary Arab politics. 

To begin, the open diversity among presidential candidates is astonishing to me.  Barack Obama, for example, stands as a proud black man and former Republican hopeful Mitt Romney’s campaign featured him as a prominent member of the Mormon community. What is more, these candidates addressed the issue of their identities openly and publicly from the beginning. 

Identity politics often beget violence in the Middle East, a phenomenon of which is frequent in that part of the world. In the U.S., a candidate makes no secret of his or her religion, and the political elite further ensure that a candidate’s identity is not exploited for political purposes. On many occasions, for instance, Obama has urged Americans to give him their votes not because he is black, but because he is the best man for the job. 

The system permits the discussion of allegiances in a very clear way.  The debates feature issues of race and sex to gain insights into voter attitudes and public opinion, rather than exploiting the issues for their own purposes. For example, in every American state, pollsters calculate the overall percentage of black voters, as well as the expected rate of black voters who will give their votes to Obama. In addition, television hosts in America feature prominent black community members who openly express their support for the “black candidate,” while others have announced that they would like Obama to become the president of “all Americans,” not just blacks. 

For the most part, the American political elite manage these matters with a great deal of wisdom and sensitivity, preventing the discourse from falling into the dangerous territory of ethnic outbidding. This stands in stark contrast to the Arab world, in which our political elites ignore or deny the existence of systemic ethnic problems, and merely attempt to deal with them through harmful mechanisms of co-opting, exploitation, and manipulation. 

That brings us to another point, that of campaigning strategy. Every candidate must constantly make strenuous efforts to get the support of the American people writ large, all through the elections process. These efforts continue throughout the year, during which candidates move around continuously. They must spend a lot of time among ordinary people to rally support for their campaign.

When I try to imagine such a scenario in the Arab world, it is almost comical. An Arab president, for example, would never dream of descending into the streets to listen to the demands and concerns of his people, and of responding to them in the hope of obtaining votes.
We Arabs have a lot to learn from the U.S. process of selecting and electing a president. The campaign itself is an excellent example of a government elected by the people and for the people. 

Radwan Ziadeh

http://www.barackobama.com/index.php

http://www.johnmccain.com/

Deja un comentario

Archivado bajo Barak Obama, EEUU, Oriente Medio, Radwan Ziadeh, United States Institute of Peace

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s